Utopía de un México (Parte II)

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Utopía de un México

(Parte II)

Por VícZesaTTi.

A los pocos años de ese primer cambio sucedió lo que se denominó El Poder Cívico. Surgieron ONGs que actuaron abierta y públicamente, contrataron personas de escasos recursos para ayudar en tareas sociales; reciclaje de basura, implementación de compostas, limpia de parques y avenidas, comedores para personas marginadas.

Después se crearon talleres artesanales, guarderías y escuelas de instrucción elemental. Luego redes de ONGs comenzaron a aparecer y algunos empresarios subcontrataron sus servicios o productos a precios reales de mercado, lo que creó una microeconomía.

La conciencia colectiva ya instaurada en la mayoría de los mexicanos y propulsada por las mejoras en la calidad de vida, que se podían palpar, consolidó la confianza en la nuevas ONGs mexicanas, que no eran más que ciudadanos trabajando para su propio bienestar mejorando las poblaciones más cercanas. Estas ONGs tomaron velocidad y movimiento, llegaron a zonas agrícolas para implementar nuevas técnicas de riego, escuelas elementales de agricultura orientadas a abastecer el consumo de las poblaciones más cercanas.

En menos de un quinquenio los ciudadanos de México habían desaparecido el negocio del moche, la corrupción de bajo nivel y la burocratización de los servicios públicos, donde existió una necesidad colectiva las mismas comunidades generaron trabajo para cubrirla y los empresarios comenzaron a ver negocio en apoyar estos proyectos cada vez más comunes en el país, sin tranzas, sin abusos y con mucho beneficio tangible.

Las elecciones que se aproximaban pusieron en crisis a los casi extintos partidos políticos, pues ninguno tenía firmas ni adeptos. En ese escenario éstos tuvieron que sumarse a la inercia del pueblo, las propuestas políticas se inclinaban en planes que pudieran potenciar la capacidad que tenían las organizaciones de ciudadanos y hacer eficientes las áreas que aún estaban en manos del gobierno de forma absoluta.

  • Mejorar la seguridad pública, las relaciones internacionales, la infraestructura de gran escala, el narcotráfico y la criminalidad.
  • Crear nuevos sistemas de interacción entre el Estado y la sociedad cívica, que permitiera devolver la confianza en el gobierno.
  • Fomentar la creciente relación entre los industriales y las ONGs de apoyo social, de forma que fueran un tanto más rentables para los industriales y más efectivos en los beneficios que creaban las ONGs en las poblaciones que asistían.
  • Impulsar la industria turística artesanal que se había incentivado con la creación de empleos agrícolas y oficios en zonas aledañas a los atractivos turísticos.

Esas elecciones causaron la última herida en el corazón de los viejos políticos mexicanos, que huyeron a refugiarse en el cubil del Partido Institucional Mexicano, mientras que los que decidieron sumarse y creer en la inercia de los mexicanos crearon en Partido Civil Mexicano. No podemos negar que el cáncer aún era latente, hubo una campaña de miedo e incertidumbre, pero por fortuna los ciudadanos confiaron en ellos mismos y votaron por las propuestas del Partido Civil.

Habiendo ganado la presidencia y el congreso por un amplio margen, inició el sexenio de la transformación política. Presidencia y congreso implementaron amplias reformas en materia de obra pública, bienestar social y asignación de partidas presupuestales, haciendo cada vez mayor la participación ciudadana en la supervisión de cuentas públicas y aplicación de recursos.

La filosofía social mexicana se centraba en la confianza y la cooperación de los ciudadanos, las políticas de equidad se enfocaban en crear proyectos para las poblaciones y sectores vulnerables, no de forma demagógica sino eficiente, el método establecido era:

  1. Detección de necesidades y determinación de las causas.
  2. Planeación e implementación de soluciones productivas de corto plazo.
  3. Búsqueda de recursos preferentemente provenientes de otras comunidades saneadas.

El país recortó las indignantes diferencias sociales que existían 25 años atrás, pasó de un pueblo egoísta y ambicioso de comodidad y riqueza a uno ocupado y solidario en mejorar su comunidad y con eso su calidad de vida. El gobierno y la población entendieron que son lo mismo, que el deber uno es mantener las condiciones para que el otro lo fortalezca.

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