De la Luz al odio en una reflexión.

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 El miedo es la senda al lado oscuro. El miedo te lleva a la ira. La ira te lleva al odio. El odio te lleva al sufrimiento. 

Maestro Yoda 

 

¿Odiar es malo?, es la primera pregunta que me hice al comenzar este ensayo. 

 La pregunta es difícil porque soy un ser de luz, yo no odio, ¿cómo explicar el sentimiento que no pasa por mi alma inmaculada y pura? 

 Entonces, en este brevísimo ensayo, partiré de la perspectiva de quienes odian más, a los que el anglicismo ha denomina como los hatersSon algo parecido al enano gruñón de Blanca Nieves, pero grande y serio. 

 Son personas que se incomodan por lo que sea; un objeto, el clima, una coma mal puesta, el cabello revuelto, etc. Cualquier cosa es suficiente para abrir el flujo de su desagrado que rápidamente llena su ser y les brota a borbotones por la piel, en un gesto de repudio incontenible. Un hater expuesto al mundo es como géiser, que salpica a la humanidad a la menor provocación. 

 ¿Han estado alguna vez cerca un hater?, yo sí, te hacen sentir como en el experimento de Pávlov, pero sin recompensa y sin consistencia, haces algo y de pronto viene la descarga eléctrica, se siente la tensión en cada interacción con él y terminas inmóvil,  para poder tener paz durante algunos momentos. 

De hecho, no entiendo cómo pueden salir al mundo. Imaginen qué difícil es vivir si cualquier cosa puede desatar tu molestia y compulsivamente la necesidad de comunicarle al mundo que estás molesto por una causa que al resto no nos importa. 

Es más, me incomoda que les hayan creado un nombre para designar a estas personas, pues seguramente también les molesta que les llamen así. Hace tiempo que decidí evitarlos, porque no puedo disfrutar de nada si estoy cerca de uno, son ruidosos y molestos, en los restaurantes nada les gusta, en las reuniones no están de acuerdo con nada, todo lo critican, pero no aportan nada. 

Pensándolo bien, sí su única aportación al mundo es su molestia, lo que deberíamos hacer el resto de los miembros del mundo civilizado es ignorarlos, ponerlos en una posición en donde su constante y detestable molestia sea su propio alimento y ambiente, ¿quién sabe?, es posible que algunos hasta se cansen de odiar y se recuperen para volver a ser normales. 

Ya en el terreno de la imaginación podríamos crear centros de readaptación de haters, donde se vean obligados a vivir con los demás de su especie, no es necesario darles demasiado cuidado, de todas formas, nada les parecería, aún y que fueran cárceles de oro y cinco estrellas, ellos estarían atrapados es su perpetua molestia e infelicidad. Estoy seguro de que hasta podría olerse el desagrado en algún lugar así.

Después de lo dicho, ya no entiendo por qué los toleramos, hacen del mundo un peor lugar, casi como si fuera ese su único cometido en la vida, ¿qué?, no lo que nos hace humanidad es que buscamos un mundo mejor. Seguramente algún gen les falta a los haters. 

Además, son como una enfermedad, si estas demasiado tiempo expuesto a ellos, puede ser que una mañana te empiece a molestar todo y tu vida se vuelva tan miserable como la de ellos. Posiblemente un deber humanitario sea librarlos de ese sufrimiento. 

Son tóxicos para la paz y la estabilidad del mundo moderno, irritan constantemente a las comunidades en que habitan, no permiten el desarrollo, la armonía ni la creatividad. Son un tropiezo constante en la evolución. 

Ahora entiendo bien que para mí son repugnantes y únicamente deseo que no me los encuentre porque sencillamente quiero exterminarlos. ¡Claramente los odio!

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